EL DIFÍCIL FUTURO DEL MEJOR PRESENTE


Foto: (FIFA)

“A partir del partido con Nigeria, Argentina comienza a jugar el Mundial” afirmó Jorge Sampaoli en la conferencia de prensa previo al último partido de la primera fase. La Selección necesitó estar con la cuerda al cuello para detectar los problemas internos y externos que le condicionaban el juego. Gracias al fixture, la última fecha ayudó para que todos juntos pudieran encontrar el equipo y la clasificación que ilusiona a todo un pueblo con levantar la Copa luego de 32 años.


El 1º de diciembre del año pasado, en Moscú, se realizó el sorteo que dictaminó los grupos de Rusia 2018. Primero se definieron los cabeza de serie, en donde Argentina salió cuarto; esto lo derivó al grupo que compartió estas dos semanas y que culminó con la victoria apretada frente a Nigeria por 2 a 1. Desde aquel momento, el seleccionado nacional –sin saberlo- integró el mejor grupo que le podría haber tocado.

Algunos creerán en la suerte; otros lo verán como un acto que sucedió producto de una consecuencia de hechos que así lo dictaminaron, pero queda en cada uno. Luego de la agónica clasificación con los goles de Lionel Messi y Marcos Rojo, el Grupo D dejó de ser una molestia y se transformó en un aliado argentino.

Desde el día que el sorteo fue un hecho y hasta el comienzo de la competencia más importante de fútbol, se especuló con que Islandia sería difícil por ser la cenicienta que debutaba en la competencia; Croacia, lleno de figuras, iba a ser duro superarlo; y Nigeria, 
siempre una piedra en el zapato, que además nos había ganado 4-2 en un amistoso. Pero ya finalizados los tres partidos, Argentina se topó con tres esquemas distintos: en el primer juego, enfrentó a un conjunto completamente replegado en su campo. En el segundo, a un juego de igual a igual con gran toque colectivo y destellos individuales. Ya el último, tocó un equipo defensivo, con velocistas que acechaban en contras. Tres partidos diferentes son el mejor aprendizaje de cara al próximo duelo frente a Francia.

El 26 de junio de 2018, Argentina se clasificó como segundo del grupo sin jugar bien al fútbol, y con muchas dudas en los primeros dos encuentros que casi le cuestan la clasificación. Pero luego de la derrota de Nigeria contra Islandia, el D comenzó a ayudar al equipo capitaneado por Messi y que, en cualquier grupo, con un empate y una derrota podrían haber dejado sin dependencia los octavos de final. El fixture resulto ser el ideal por los resultados contrarios y la oportunidad de tocar fondo para resurgir como un ave fénix en la última fecha. La suerte es importante, pero si el 10 se enciende, todo alrededor se enciende.


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