GRACIAS Y HASTA SIEMPRE, MASCHE


(Foto: Reuters - Crédito: Carlos García Rawlin)

Tras la derrota 4-3 frente a Francia por los octavos de final de Rusia 2018, y por primera vez, Mascherano y Argentina irán por caminos separados.


Otra eliminación, otra vez la palabra fracaso vuelve a salir de la boca de algunos para definir a la Selección Argentina, un año más sin volver a casa con la Copa Mundial de la FIFA; pero esta vez, el regreso tiene algo diferente que hará de esta una vuelta diferente a las anteriores: el adiós de Javier Mascherano a la celeste y blanca, camiseta que supo defender desde 2003, con diecinueve años. Nunca más el capitán sin cinta volverá a luchar y batallar en el mediocampo: la casa del número 5; su casa.

16 de junio de 2003, Mascherano y la Selección Mayor comenzaron una historia de amor con compromiso como primer mandamiento. Dejar todo dentro de la cancha y defenderse sin importar las circunstancias ni el rival: fue el amistoso en el estadio Único de La Plata frente a Uruguay cuando el amor a primera vista comenzó. Al mando de aquella selección estaba Marcelo Bielsa, técnico en Corea-Japón 2002, quien decidió citar al “Jefecito” (todavía no había adquirido ese apodo) pese a que el jugador estaba en la Reserva de River y que aún no había debutado en Primera. 2-2 terminó aquel partido, pero Argentina consiguió más que un empate; un capitán con alma, garra y corazón. La relación interminable de amor puro.

El hombre que más presencias tuvo con la camiseta albiceleste (147) anunció su retiro: “Se terminó toda esta historia. A partir de ahora soy un hincha más”. Mientras escupe estas palabras, su boca tiembla, un nudo que aparece en su garganta dificulta la expresión de palabras que ponen punto final a su futuro en la Selección, ese futuro que le provoca un rostro mojado por las lágrimas del adiós. Adiós a la camiseta que supo defender con alma y corazón. Corazón de guerrero que le produjo una marca morada en su ojo izquierdo –entre otras- por los golpes. Golpes que no le importaron nunca porque defender los colores siempre fue su prioridad y pasión. Pasión que hoy llegó a su fin.

Lo llaman fracasado o "el capitán de la derrota" porque perdió cinco finales. Que difícil triunfar en un país donde solo sirve ganar, porque ser segundo es motivo de burlas y críticas. Copa América 2004, 2007, 2015 y 2016, y Mundial 2014, las finales a las que llegó; y nunca pudo lograr la de oro. Pero fracaso no es eso. Es no intentar, es quedarte pensando en que perder es una opción y por miedo a no ganar quedarse y no salir. Esta generación es sinónimo de garra. Nunca se acuerdan del segundo, dicen, pero esta camada jugadores, con todos los problemas que cargaron en su espalda por culpa de la AFA poco seria, llenaron de sueños a un país y serán difíciles de olvidar.


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