ENTREVISTAS | JOSEMIR LUJAMBIO

Josemir Lujambio, ex futbolista, y un mano a mano imperdible: sus inicios, la vida en el campo, "El día del abandono", Belgrano, Atlético Tucumán, Banfield, Messi, "El Pulga" Rodríguez y "Garrafa" Sánchez.


¿Cómo es un día en tu vida en Tacuarembó?
- Estoy lejos del fútbol hoy, hace ocho años que me retiré y paso en lo que me gusta, en el campo, lo que toda la vida soñé. Y feliz, por sobre todas las cosas.

¿En qué momento supiste que una vez que te retiraras te ibas a dedicar a esto?
- Yo creo que desde que empecé sabía que era así, desde que empecé a jugar al fútbol y me di cuenta que podía tener una chance de hacer algún dinero y poder vivir de eso, desde el primer momento en el que empecé a cobrar el primer sueldo y vi tanta plata junta me puse la meta en cumplir lo que era mi sueño, jugando al fútbol, que no era lo que me apasionaba, pero sabía que era rentable y eso hacía que cuando yo dejara de jugar pudiera estar feliz.

Hablemos de la historia de tu nombre. Tiene que ver con tus abuelos, ¿no?
- (risas) Así es. El nombre mío es la fusión de dos nombres: un abuelo se llamaba Juan José y el otro se llama Emirermo. José Emir o Emir José iban a ponerme, pero un abuelo siempre iba a quedar relegado, entonces lo fusionaron y salió Josemir. Y ta, me gusta. Es en honor a mis dos abuelos y es importante, para mí al menos.

Pasaste mucho tiempo fuera del Uruguay a lo largo de tu carrera. ¿Qué tan importante fue la familia?
- Mirá, yo creo que mi familia fue importante en los primeros años. Yo me fui a Montevideo y, desde ahí, prácticamente no volví más, a mi familia la veía dos veces al año cuando tenía las vacaciones, y muchas veces había lugar al que no venía. Pero bueno, agradecido por los valores que me dieron, que hoy puedo tener y llevarles a mis hijos. Siempre es importante tener una familia detrás que te apoye, que te de valores, cosas que hoy se han perdido.

Más allá de que nunca te apasionó el fútbol, ¿sos de ver los partidos o de hablar de fútbol?
- Es raro, pero yo al único equipo que veo es donde juegue Messi, je, al Barcelona o a la Selección Argentina. Soy hincha de Lionel y son los únicos partidos que por ahí miro. A veces me toca estar en reuniones, mirando fútbol, salen los debates y me alejo un poco porque realmente no tengo ni idea, lo hablan con tanta pasión que realmente a mí no me entra en la cabeza. Siempre lo dije, comprendo al hincha como lo comprendía en su momento cuando nos puteaba cuando perdíamos, pero no lo comparto, porque digo "ser fanático o poner por delante un equipo de fútbol antes que tu madre o tus hijos me parece una verdadera locura". Y eso es el hincha. Eso es el fanatismo que hay, más en Argentina. Hablo poco de fútbol; obviamente, cuando me encuentro con gente me preguntan, pero les  doy mi punto de vista y queda medio desubicado porque no es la respuesta que esperan, pero yo de fútbol se muy poco. Si vos me preguntás cómo se encara un partido no tengo ni la más mínima idea, yo lo único que sabía era entrar a la cancha, jugar y listo. Es así. No me arrepiento de nada. Mientras jugué al fútbol traté de dar lo mejor, a veces me salía bien y a veces mal, pero estaba seguro de que daba el cien por ciento. 

Todos te recuerdan como un gran goleador, ¿pero empezaste como arquero?
- (risas) Empezamos como arquero. Yo estaba acá, en Uruguay, y en el baby fútbol era portero. Estuve hasta los 14 años atajando, hasta que, un día, un señor me dijo que me iba a probar de delantero, de puntero izquierdo, y ahí empecé. A los 16 años tuve la posibilidad de un partido que nos fueran a ver para una selección y ahí empezó mi carrera, pero realmente una locura porque no tenía ni la más mínima idea de lo que era el fútbol profesional. Pero si, a diferencia de algunos arqueros que arrancaron de 9 yo fui al revés, je.

No te vino mal el cambio, ¿no? 28/04/92: primer gol, de chilena, en el Centenario y por Libertadores...
- (risas) Así es, el primer gol oficial que hacía jugando en Primera División. Contra Newell's fue. Después yo fui a Newell's y me recordaban por el gol ellos. Si, fue ese el inicio mio dentro del fútbol profesional; anteriormente ya llevaba unos años en la Selección Uruguaya, en Juveniles. Estuvimos casi un año y medio practicando y jugando torneos.

Antes de llegar a Newell's jugaste en Huracán de Corrientes, donde te tocó ascender y descender. Hace un rato hablabas de la pasión. ¿Recordás el partido con River, el de Bonano? ¿Qué imágenes te quedaron de ese encuentro?
- Si. Yo creo que la imagen que nos quedó de ese partido, en sí, es el fanatismo de la gente y lo que le cuesta a un equipo a veces ese fanatismo, porque ese día yo creo que a River le ganábamos bien. Estábamos muy bien, ese partido lo íbamos ganando; de hecho, yo hago el gol cuando le pegan la pedrada a Bonano, pero justo ese día nosotros le ganábamos a River, y lo que sería la vida que si ese día ganábamos nosotros nos salvábamos, porque descendimos por un punto. Pero bueno, ahí está lo que yo hablo muchas veces del fanatismo. Ese día se suspendió el partido, después lo jugamos y lo terminamos perdiendo. El fanatismo, muchas veces, lleva a hacer cosas que al equipo lo empeoran, porque ese año podríamos habernos salvado por ese partido en especial.

En Newell's jugaste un partido muy especial contra Rosario Central. ¿Cómo es la historia oficial de ese partido?
- (risas) No se cual será la historia que te habrán contado, pero realmente ese día, en ese clásico en especial, estábamos muy mal y la estábamos pasando mal, obviamente. Se lesionaron jugadores y no pudimos seguir, pero yo creo que 11 contra 11 ese día lo perdíamos mucho más. Rosario, como es Córdoba, con su clásico... El fútbol ahí no tiene una lógica, al menos para mí que lo veo del punto de vista de afuera. La pasión te lleva a hacer cosas que muchas veces estando dentro de la coherencia no las harías, pero bueno, ahí tenés la pasión de la gente, del fútbol, de los jugadores, que sabemos lo que se juega dentro de una cancha en un clásico, y ese día la pasamos mal, realmente muy mal.

Después de Newell's te tocó ir al Rayo Vallecano pero tuviste que volverte a Uruguay...
- Me fui contento de Newell's, que en ese momento había armado un equipazo en nombres que no concretaba todo lo que se esperaba, y sabía que teníamos que emigrar porque cuando las cosas no te salen el primero que se va es el jugador; el técnico que viniera seguramente no nos iba a tener en cuenta a muchos, así que tuve la posibilidad que me dio el "Cabezón" Ruggeri de llevarme al Rayo en la época que él era representante. Estaba bien y fui tranquilo, como iba a todos lados. Muchas veces, los jugadores se desesperan para ir a Europa, pero a mí me daba lo mismo ir o seguir en Argentina o donde fuere. Tres veces dejé de jugar pensando que no iba a seguir y no me costaba dejar. Nosotros llegamos y yo estaba con un chileno; nos pidió un técnico y a los 15 días lo cambiaron, y en aquella época todavía estaba la discriminación por el sudamericano, "el sudaca", como nos llamaban, y no nos quería el técnico. Jugué muy poco y tuve la posibilidad de que me había llamado Julio Ribas, que estaba en Peñarol, y me vine tratando de regresar a Uruguay y de buscar jugar, porque a esa altura obviamente uno lo que espera es eso, más allá del dinero. La posibilidad era buena, fui a un club grande de Uruguay y estuve seis meses, pero no me fue bien tampoco. Tuvimos seis meses catastróficos, no hice ni siquiera un gol. Con Julio (Ribas) tengo un agradecimiento muy grande, me dio la posibilidad de volver a jugar en Uruguay, en Sud América, antes de ir a Huracán de Corrientes, y es uno de los principales técnicos que tuve. Pero como sabía que él me iba a seguir poniendo y no le hacía un gol a nadie decidí irme. Tuvimos unos entredichos con él, no quedó contento conmigo, pero yo como amigo sabía que le hacía un bien en irme porque me iba a seguir poniendo y no estaba haciendo goles.

Luego de esta etapa negativa llegó algo de lo mejor de tu carrera: tu paso por Belgrano. Cuando llegaste a Instituto dijiste que te sentías hincha de Belgrano. ¿Sigue siendo así?
- (risas) Si, totalmente. Siempre lo dije y lo seguiré diciendo. Ahí sentí lo que es ser parte de un club y el ser hincha. No se qué habrá sido, pero me encantó jugar en Belgrano. Soy hincha de Belgrano. Tenemos un grupo de ex jugadores, nos seguimos comunicando vía WhatsApp con todos y seguimos prendidos a lo que es Belgrano. Lo viví dentro de la gente, de la propia hinchada, podíamos conversar y no había problema. Era un equipo donde cobrábamos muy pocas veces pero tirábamos todos para adelante y eso te hace sentir dueño del equipo, habrá sido eso que me llenó. Y cuando fui a Instituto por ahí la gente se enojó, pero es lo que sentía y no lo podés cambiar, es así.

Más allá del enojo de la gente tu paso por Instituto fue bueno.
- Si, yo creo que si. Al principio me puteaba todo el estadio, je, pero no había problema, yo sabía que eran las reglas del juego cuando llegué a Instituto y dije lo que dije, pero nunca me voy a traicionar. Si no hubiese dicho lo que dije me hubiese traicionado a mí, y creo que no te tenés que traicionar. Y la gente creo que entendió que más allá de que yo era hincha de Belgrano y que había tenido mi paso por el club, jugando para Instituto daba lo mejor y ponía lo que tenía que poner dentro de la cancha, que era jugar y dar el ciento por ciento. Después terminamos salvándonos del descenso, quedó todo bien y no tengo en contra a nadie.

¿En Uruguay sos hincha de algún equipo?
- Mirá, si es por cómo viví lo mismo que viví en Belgrano, hoy tenemos otro grupo de jugadores de Sudamérica, que hicimos una campaña espectacular en la B de acá. No se si recordás cuando se jugaba la Conmebol, ese Sud América hizo una gran campaña y le terminamos ganando a Gimnasia, que tenía a Griguol de técnico, que jugaban los Mellizos. Y ese equipo también marcó historia. Hoy nos seguimos hablando todos los jugadores; no soy hincha pero sí tengo un lindo recuerdo como ex jugador de Sud América.

Tuviste un contacto con Fossati para jugar en la Selección y no se terminó dando, ¿es así?
- Si, fui a un partido cuando yo estaba en Banfield por segunda vez, en el 2005, 2007, le habíamos ganado a River y me fui. No me incluyó dentro de la lista y después yo me termino lesionando. Él había hablado conmigo que ese partido no iba a estar y después si, pero yo me lesioné, que creo que fue la única lesión que tuve, y no pude jugar en la Selección. Pero bueno, tampoco era una locura, como la de muchos jugadores de jugar en la Selección. Siempre atendiendo a lo que siempre digo que no me fanatiza el fútbol.

Te fue bien en Olimpo, y, si no tengo mal entendido, querías volver a Uruguay para jugar en Defensor y analizar el retiro. ¿Cómo fue la situación y por qué llegaste al final a Atlético Tucumán?
- Mirá, siempre digo que Defensor es un club tipo de barrio, familiero, entonces me encantaba y me hubiese encantado poder terminar en Defensor. Tenía todo arreglado para la llegada, estaba viajando para ir a la concentración en San José, arriba de la ruta, me llama un dirigente y me dijo que si a las doce no llegaba, el técnico no me quería. Obviamente, dentro de toda la locura que tengo, esa es una de las cosas... Y más en mis últimos partidos dentro del fútbol... ¡Estaba viajando! El tiempo estaba feo y le dije que se quedara tranquilo que no iba a llegar ni a las doce, ni a la una, ni nunca más, que me volvía, que siguieran con su equipo porque pensaban que no tenía palabra y que no iba, me mataron y hablaron mal muchos periodistas de "cómo gente como yo le hacía mal al fútbol". Pero se lo que soy y no me importa lo que diga la gente, entonces decidí arriba de la ruta, di media vuelta, me vine a mi casa, llamé a un amigo que me hiciera el contacto nuevamente con Atlético Tucumán, que me volvía a casa a levantar la ropa y me iba a Tucumán. Y así fue, muy concreto y muy sencillo. Uno tiene esas cosas, que ya va quedando viejo y va decidiendo drásticamente. Esa fue la única mancha que me creo, de no haber podido cumplir conmigo mismo.

Bueno, pero terminó saliendo bien para vos, ¿no? Jugaste en Atlético, ascendiste... ¿Cómo calificás tu paso por Atlético y el trato de la hinchada?
- Totalmente, terminamos ascendiendo y teniendo un grupo fantástico. Hoy el presente que tiene es muy importante, de hecho tengo a mi amigo "El Laucha" (Lucchetti), que todavía sigue robando, como digo yo, je. Andan bien, tienen un buen presente y Dios quiera que siga yendo lo mejor posible que se lo merecen. De aquellas épocas, los que quedan son "El Laucha" y "El Pulguita" (Rodríguez), después creo que no queda más nadie. La gente alienta, está ahí, va a todos lados, y realmente es una provincia muy seguidora del fútbol.

Vos decís "El Pulguita", pero hoy es "El Pulga". ¿Imaginabas, en ese momento, que se iba a convertir en lo que es hoy?
- Él tenía un potencial importantísimo. Muchas veces dependía de lo que él hiciera, pero en ese momento se veía un jugador importante. Hoy, a través del tiempo, lo ha hecho magníficamente y es lo que es gracias a todo su esfuerzo. Ya cuando estaba con nosotros pintaba para ser lo que es hoy, sin ninguna duda.

En Banfield te recuerdan con mucho cariño más allá de que has hecho más goles en Belgrano. ¿Te sigue llegando el afecto de la gente?
- Banfield es como el amor prohibido, je. Yo creo que fue donde la pasamos mal por un momento y terminó siendo un final de película. Yo llegué en el 2000, 2001, que fue cuando Banfield ascendió y yo tenía una relación muy mala con los dirigentes que me habían llevado, terminé no jugando, hasta que llegó, para mí, el mejor técnico que ha tenido Banfield en toda su historia, más allá de que hoy en día esté Falcioni, que fue Garisto, que no es reconocido como tiene que ser, pero bueno, son gustos. Cuando él llegó habló conmigo, me preguntó si quería jugar, le dije que si y, a partir de ahí, final fijo. Nos salvamos de la promoción con el último partido, que fue con Independiente, que le ganamos, y cuando Luis llegó estábamos 0.333 en el primer campeonato, y faltaban tres o cuatro partidos, entonces teníamos que ser el campeón de la Champions League para salvarnos, je. Y bueno, cumplimos el objetivo. Por eso te digo, es un amor-odio que termina siendo feliz y después tuve un segundo paso que lo hablamos con la dirigencia, nos pusimos de acuerdo, nos dijimos las cosas que nos teníamos que decir y terminamos siendo muy amigos, hoy sigo hablando con todos ellos.

Y ahí jugaste la Libertadores.
- Claro. En su momento, termina el campeonato y yo me voy a México, peleado con toda la parte dirigencial y solamente me hablaba con un dirigente, que fue el mismo que me fue a buscar en la cancha de Huracán, después, para volver a Banfield. Son cosas que pasan. Yo también considero que soy loco, pero me gusta vivir de frente y muchas veces en el fútbol no sos bien recibido. Para llegar a Banfield yo termino con Instituto, me vengo a Uruguay, y cuando me estaba volviendo para Instituto me llamó "El Laucha" (Lucchetti). Yo iba viajando a la altura de Santa Fe y me dice para volver a Banfield. Le digo "si vos me arreglás yo voy, si vamos los dos", y volvimos los dos. Pedí una reunión con la parte dirigencial para hablar lo que había sucedido y no tener que pasar por momentos feos, nos sentamos, hablamos y quedó todo solucionado, así que a partir de ahí fue tipo Venecia.

En Banfield te ha tocado jugar con alguien que, lamentablemente, ya no está más. ¿Cómo fue estar al lado del gran "Garrafa" Sánchez?
- Y... Al principio yo llegaba y él ya era "Garrafa" Sánchez, un jugador extraordinario, con una pegada, con una visión de cancha tremenda, de los que no le importaba nada dentro de la cancha, era él. Salvando las diferencias abismales, que vos dirás "es una locura", yo lo veo a Messi. Son tipos que juegan porque les gusta. Lo que no era yo, son ellos. Juegan porque les gusta y además hacen lo que se les canta la gana dentro de la cancha, si quieren tirar un caño lo tiran. Era el fútbol puro, realmente, sin táctica, sin indicaciones, sin que le dijeran "tenés que hacer tal o cual cosa". Para mí fue gran parte de lo que fue la levantada de ese Banfield en aquél momento y hoy la gente lo adora y está en todo su derecho.

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