ENTREVISTAS | JULIO RIBAS

Julio Ribas, entrenador de la Selección de Gibraltar, y un mano a mano imperdible: su vida, la obsesión por el fútbol, estar preso por un Peñarol - Nacional, el momento de su hijo Sebastián y su influencia en Rodrigo Mora.


¿Cómo es un día en tu vida?
- El día mio comienza y termina con trabajo, si bien es cierto que ser seleccionador es diferente que ser entrenador, pero lo que une las dos funciones es que de cierta manera y en casos diferentes hay que trabajar mucho y planificar mucho. Comienzo el día siempre repasando toda la planificación anual porque debemos tener siempre en cuenta toda la competencia oficial. Nosotros estamos jugando la Liga de Naciones y después, en diciembre, hay sorteo del europeo y comienza la clasificación para el Mundial de Qatar 2022. Entrenamos los lunes y martes porque nosotros tenemos una realidad diferente a la de la mayoría de los países, porque el 97/98% de los jugadores que integran la Selección viven en Gibraltar; hay muy pocos que están en este momento en Inglaterra, en el Reino Unido, que lo hacen porque siempre terminan sus carreras en las universidades de Inglaterra y juegan en equipos de ahí, pero son los menos. Por eso el formato de poder llegar a entrenar los lunes y los martes, después vuelven a sus clubes, juegan el fin de semana y así sucesivamente hasta que llega la competencia internacional, que ahí ya nos reunimos todos y se disfruta de los días que están ahí obligatoriamente por FIFA.

¿Y cómo es la vida en Gibraltar?
- Es espectacular, es un país que me encanta, ya hace tres años que estoy. Estuve dirigiendo antes al Lincoln, donde tuvimos la posibilidad de ser dos veces campeones de Liga, campeón de la Supercopa y campeón de la Rock Cup, que es la otra copa importante, de jugar Champions League y Europa League. El país, geográficamente, está en un punto espectacular. Fijate que está rodeado por el Océano Atlántico y por el Mar Mediterráneo, donde está el Estrecho de Gibraltar, así que es un lugar encantador. La gente conmigo se ha portado muy bien y es un lugar que me gusta mucho. Después, las costumbres están un poco emparentadas. Si bien Gibraltar pertenece al Reino Unido hay también una clara influencia de la frontera con España, acá trabajan entre doce y quince mil españoles todos los días, cruzan la línea de la concepción donde está la frontera para trabajar dentro de Gibraltar. En cuánto al fútbol, es "muy joven", aunque su Liga fue fundada en el año 1895, es una de las más antiguas en el mundo. Desde el punto de vista profesional, recién fue aceptado por FIFA hace dos años. La UEFA la había aceptado hace dos años más, osea que tiene dos años de UEFA y dos años de FIFA, pero durante esos cuatro años es la única experiencia internacional que se ha tenido, además de las competencias que también han comenzado hace cuatro años de Champions y Europa League. Quiere decir que hay una ventaja considerable que se está dando en el concepto de ritmo de juego internacional, no así en las características individuales, porque el jugador de Gibraltar es muy bueno técnica, física y tácticamente. Pero el estar recién hace cuatro años compitiendo a nivel internacional todavía no le da el ritmo que, de acuerdo a estas características, podría tener. Es un proceso muy largo, donde empezás totalmente desde abajo. De la mayoría de los países, fue el último aceptado por FIFA.

Tu hijo sabe hablar cinco idiomas. ¿Cómo te llevás con el inglés en Gibraltar?
- Si bien es cierto que el idioma es el inglés, todo el mundo habla español/inglés. A veces se produce, y es un poco risueño, que te comienzan una frase en español y se termina en inglés, y viceversa. En eso no hay ningún problema de comunicación. Las generaciones anteriores hablan muy bien el español y muy bien el inglés, osea que te comunicás de cualquier manera. Las generaciones recientes, los chicos que juegan al fútbol de 10, 11, 12 años, comienzan a hablar solo inglés; aunque los padres les quieren enseñar y los impulsan a hablar en español, ya vienen hablando todos en inglés. Por mi parte, yo tenía nada más que el estudio de cuando fui al Liceo, no es un inglés bueno, pero la Federación me anotó en la Universidad de Gibraltar y estoy haciendo un curso intensivo no sólo por respeto al país en donde estoy sino porque es importante el idioma inglés a nivel mundial, en todo, en el trabajo, en el fútbol, y es lógico que si no lo aprendés de más chico te cuesta más, como todas las cosas, como pasa con el fútbol.

¿Y en Omán cómo hacías?
- En Arabia trabaja todo el mundo con intérprete. Eso de que hablás en inglés y el jugador te entiende es muy relativo, la mayoría proviene de lugares donde se habla un dialecto, donde hablan el árabe, y no son todos los que saben hablar inglés. De un plantel de veintipico de jugadores tenía 5 o 6 que sabían hablar. Sí pasa a nivel dirigencial, los príncipes, que son dueños de los equipos, todos hablan inglés. Yo tenía un intérprete que me acompañaba a todas partes y que hacía de traductor tanto en los entrenamientos como en los partidos.

¿Cómo se vive el fútbol en Gibraltar?
- La población es muy chica, como en el Principado de Mónaco, de 33.000 habitantes, pero hay una pasión tremenda por el fútbol, toda la gente, de una manera u otra, realiza deportes con una pasión tremenda. En la Liga son diez equipos en Primera División más otros tantos en Segunda, pero cada equipo obligatoriamente debe tener desde los Sub 8 hasta la Sub 23, todos tienen esas divisionales juveniles que compiten en forma local, y la Selección de Gibraltar compite en Sub 17, Sub 19, Sub 21 y en Senior. Hay una fuerte influencia española, por la cercanía. En la Liga no hay límite de jugadores extranjeros, y te encontrás con equipos que de 25 jugadores tienen 23 españoles, marroquíes, árabes, portugueses... Es un país que si bien todavía no ha tenido la explosión en lo que se refiere a jugadores de grandes sueldos, se paga siempre antes del 1°, entonces muchos jugadores españoles de buen nivel, cuando allá estaban mal con el tema de los cobros estaban por venir a jugar acá y se hizo una Liga muy competitiva; sabían que tenían el cobro seguro y eso también sirve porque le da un nivel de crecimiento. Ahora hay una reglamentación que obliga a que todos los equipos tengan tres jugadores de Gibraltar en el campo de juego, siempre, durante los noventa minutos, pero todos los otros son extranjeros.

¿Qué fútbol sos de seguir?
- Todo, porque me encanta. Ahora me tengo que pelear porque, hoy, por ejemplo, vi el partido del Manchester United, que perdió 3 a 1, y ahora estaba viendo al Barcelona, que iba perdiendo 1 a 0 con el Atlético. Después, a las 6, está el partido de Juventus - Nápoli, a las 8:45 el clásico Real Madrid - Atlético... Hoy se suspendió el fútbol uruguayo, pero ayer me quedé hasta las 4/5 de la mañana con mi señora viendo a Lanús contra River. Trato de ver todo, fútbol argentino, inglés, español... Aparte, acá, en el sentido de los cables tenés acceso a todos los campeonatos, todas las ligas, la alemana, la francesa, la inglesa... Si no podés ver los partidos tenés resúmenes, y lógicamente, tenés todos los programas de fútbol. La Federación de Gibraltar compró el Instar, que es donde tenés los partidos en tiempo real, y el estudio de todo lo táctico que sucede, jugador por jugador, y esa faceta de fútbol me encanta. La verdad es que cuando llega el fin de semana, que uno no tiene que trabajar, sigue trabajando porque sigue prendido con el fútbol, mirando, y por deformación profesional, uno no mira el fútbol como lo puede mirar otra persona, para degustarlo, para pasar un momento o porque es hincha de un equipo, lo tenés que ver como entrenador y eso implica una serie de cosas a las cuales te vas acostumbrando con el tiempo.

Acá al 5 le muestran videos de Busquets, al 10 de Messi y al 9 de Lewandowski. ¿Vos qué tratás de inculcarle a tus jugadores?
- Yo pienso que, sobre todo, en el fútbol se deben tener determinados principios y valores dentro y fuera del campo de juego. Hay cosas que no se pueden dejar pasar por alto. Todo lo otro va a depender de circunstancias, pero hay cosas que son fundamentales. Por ejemplo, fuera del campo hay que tener los dotes de ser un compañero solidario, de poder formar un grupo unido en momentos donde la comunicación es muy grande, donde hay grietas de todos lados, poder tener jugadores que sepan conllevar lo que en otro momento del fútbol no existía, tener un concepto de familia, de una formación grupal. Los valores de humildad, de sacrificio y de solidaridad son, para mí, fundamentales en la elección del jugador, prefiero tener a uno con menos condiciones técnicas pero solidario, que piense en el equipo, que se entregue totalmente, que sea respetuoso, que tenga sacrificio, humildad, pasión por triunfar. Si bien el fútbol es un deporte individual, también es muy colectivo. Es importante que el jugador juegue para el equipo, que le sirva, que sea efectivo. Indudablemente que dentro de esos valores va el de la profesionalidad, del jugador que vive con pasión y que vive para triunfar en el fútbol, por respeto a él mismo, a sus compañeros, al club que lo contrata, a la hinchada que sueña con triunfos y que quiere que los jugadores estén en la mejor forma posible. Eso para mí son condiciones fundamentales en las que no tranzo absolutamente. Después hay determinadas condiciones individuales y colectivas del equipo que también son fundamentales. En las individuales, es fundamental la velocidad en la que se juega en espacios reducidos, virtudes como la inteligencia y la técnica. Desde el punto de vista físico está claro que lo que se recorre hoy en cantidad, intensidad y calidad, también lleva a que los jugadores genéticamente tengan determinado nivel para poder jugar en la élite, a un muy buen nivel o a buen nivel. Han ayudado mucho los grandes avances que se hicieron en lo fisiológico, en la medicina y en lo biológico para poder llevar al jugador al mejor estado de forma. Y en el tema futbolístico hay tres cosas que para mí son fundamentales como equipo: la presión, la posesión y el saber cuándo. Esa posesión tiene que ser directa o debe ser combinativa para poder llegar a las dos cosas más importantes que hay en el fútbol, el gol y el ser gol; los dos lugares fundamentales del fútbol son las áreas, es donde hacés y no dejás que te hagan el gol, entonces esos tres principios son mucho más importantes que el sistema que vos me digas. 4-4-2, 4-4-1-1, 4-2-3-1, son todos lo mismo con diferentes matices, y para mí es mucho más importante todo lo otro, porque teniendo lo otro, cualquiera de los sistemas que sean medianamente aplicados a las características de los jugadores que tenés, que son lo más importante, va a ser bueno. El equipo debe presionar constantemente y saber hacerlo en todos los lugares del campo de juego, en zona alta, en zona media, y debe saber qué hacer cuando recupera la pelota, qué hacer cuando espera detrás del mediocampo, si se repliega y debe aplicar el contraataque, que a su vez tiene diferentes formas, directo, combinativo o una mezcla... Todas esas cosas se trabajan colectivamente, pero lo principal es el pressing, la posesión y el tiempo de decisión, de jugador inteligente, que decide qué hacer, cuándo tiene que tocar, cuándo no patea al arco, cuando llega a determinada zona y termina la jugada de ataque, cuando tiene que eludir, dribblear... Ese tiempo de decisión, la inteligencia deportiva del jugador, para mí, en los tiempos de hoy, junto con el concepto colectivo del pressing y de la posesión de pelota, son fundamentales. Y después llega la otra discusión de siempre: ¿se ataca o se defiende? No es una elección, se ataca y se defiende. Yo no soy atacante o defensivo, eso no es estrategia, no es táctica, no es nada. Cuando tenés la pelota atacás y cuando no, defendés. Eso lo tenés que hacer constantemente durante noventa minutos, no hay una prioridad, yo no creo en entrenadores que dicen eso, que les gusta jugar lindo, nunca lo entiendo. Sí entiendo qué es jugar bien, pero no jugar lindo. Cuando uno tiene un equipo compite para ser el mejor y ser campeón, porque es mentira otra cosa, todos los equipos que juegan, aún sabiendo su posición humilde, sueñan con ser campeón o con tener determinados logros, buscan lo máximo, y para eso tenés que hacer goles y que no te hagan. Esas cosas, para mí, son mucho más fundamentales que el gusto o el estilo futbolístico, o los sistemas. A partir de tener todo eso, vemos con los jugadores que tenemos el sistema que vas a utilizar, que salta solo. Y cuando la pelota se empieza a jugar, los sistemas cambian continuamente, porque vos empezaste con una línea de 4, pero suben los laterales a la vez y quedaste con una línea de 2, sube uno y quedaste con línea de 3, se desmarcan dos volantes en diagonal o por las puntas para desbordar y ya estás jugando con cuatro atacantes y dos volantes. Quiere decir que los sistemas varían continuamente en el momento del partido, y de la inteligencia deportiva del jugador para acomodarse y saber qué tiene que hacer en ese momento pasa a ser totalmente determinante.

Te recibiste a los 19 años. ¿Qué fue lo que más te motivó, en ese momento, a ser entrenador? ¿Y qué es lo que más te gusta hoy de ser director técnico?
- Mirá, a medida que pasó el tiempo me fui dando cuenta de muchas cosas que cuando sos joven no te das cuenta. La primera: a pesar de ser un jugador muy humilde, de nivel regular, jugué 18 años en Primera División, 500 partidos profesionales, y tuve la suerte también de jugar algunos partidos en la selección de mi país. Sin embargo, yo me fui dando cuenta con el tiempo que yo había nacido para ser entrenador, que era lo que me encantaba. Mi principal virtud dentro de una cancha, que yo no me había dado cuenta en ese momento, era ser entrenador. Me acuerdo que los entrenadores decían "debemos hacer esto, esto y esto" y yo dentro de la cancha tenía clarito no sólo lo que tenía que hacer yo, sino también mis compañeros, y esa era una virtud que me fui dando cuenta con el tiempo, en el momento yo pensaba que jugaba bien, pero era inteligente tácticamente. Pero me sucede, en un momento muy lindo de mi carrera, que había debutado con 17 años en Primera División y venía jugando muy bien en Bella Vista, que fuimos campeones de la B, subimos a la A y me compró Nacional para su plantel principal, en un partido en el Estadio Centenario, de Reserva, tuve una lesión muy grave para ese momento, en el 1977, en la rodilla, que ahora podés seguir jugando. En esa época, operarte o tener mal los meniscos te dejaba sin jugar, cosa que ahora en quince días estás jugando porque te hacen una artroscopía, una inyección. Yo tuve una rotura de ligamentos cruzados y me dijeron "no volvés a jugar al fútbol", y tenía 19/20 años. Y ta, lloraba, tenía una tristeza grandísima porque decía "se me terminó la carrera". Igual estaba convencido con seguir luchando, nunca me conformé con lo que me dijeron, ni a favor ni en contra, y dije "yo voy a volver a jugar", pero también tenía que ser inteligente y saber que iba a hacer lo posible, pero que si no se daba... Yo amaba el fútbol. Comencé a hacer el curso de entrenador, me recibí el 23 de diciembre del año '77 y, en enero del '78, estando parado ocho meses por una lesión gravísima para ese momento, Bentancur y Gesto, que eran los directores técnicos de la Selección Juvenil Uruguaya, que habían hecho una muy buena campaña, dos muy buenos entrenadores, que con Gesto tuve el gusto que trabajáramos juntos en la Selección de Omán, me nombraron para la Selección Juvenil y yo estaba lesionado. Me acuerdo que fui a hablar con el médico y me dijo "vos no podés jugar ni entrenar, corrés el riesgo de lesionarte de vuelta", y yo fui igual. El primer día se hizo fútbol, me metí a jugar y aguanté, no me lesioné. Estaba fuera de forma, comparado con los otros, y empecé a masacrarme de mañana, tarde y noche y terminé jugando 18 años más en Primera División. Desde ese momento comencé a hacer un curso acelerado de entrenador porque yo jugaba y tenía pasión por jugar, pero entraba a la cancha y veía los partidos de diferente manera, porque ya era entrenador y comprendía las cosas que me decía el entrenador y todos los errores que había hecho en mi vida, cómo sin querer le había faltado el respeto al entrenador, que si me sacaba le hacía un gesto... Yo ya pensaba como entrenador y esas cosas ya no me entraban para nada, las veía mal, y como eso, muchas cosas. Me sirvió la pasión del fútbol por jugar, me entrené a pleno, casi con una rodilla menos porque no me pude curar nunca, jugué porque jugué, pero aparte, comencé a hacer la tarea de entrenador dentro del campo, volvía a casa, agarraba hojas, cuadernos, anotaba todo lo que decía el entrenador, buscaba tácticas... Nunca di una orden que no fuera dada por el entrenador, pero tenía mi pensamiento, y así fui. Un día venía de ser campeón de Primera División con Bella Vista, en el año '90, por primera vez en la historia. Habíamos dejado a Peñarol y Nacional seis puntos atrás. River, un equipo donde yo había jugado mucho tiempo, había bajado ese año. Yo juego la Copa Libertadores con Bella Vista y me viene a buscar el presidente de River. Vuelvo en el año '91 y salimos campeones en la B. En el '92 yo quería ir a jugar a otro lado porque ya tenía 35 años y el nivel para jugar en Primera no era el que a mí profundamente me gustaba, me vino a buscar un equipo donde había jugado también y me dicen "te necesitamos en la B, queremos subir", y dije "de salir tres años seguidos campeón voy a ir a este equipo", pregunto "bueno, ¿cuándo empezamos a entrenar" y me dicen "no, nosotros te queremos de entrenador". Era Sud América. Y bueno, era un 25 de enero. El 28 jugábamos por la Liguilla en el Estadio Centenario y, ese mismo día, al director técnico de River, que era Víctor Púa, que habíamos sido compañeros en Mandiyú de Corrientes, Defensor y muchos equipos, le pedí el cambio en el primer tiempo, me pregunta "¿por qué?" y le dije "porque me voy, no juego más al fútbol". Y el 2 de febrero comencé a entrenar a Sud América y Dios me está haciendo vivir una carrera excepcional como entrenador, más allá de los logros, que han sido muchos, por la pasión, por la entrega y porque me encanta el fútbol.

¿Qué fue lo más grande que te pasó, hasta el momento, como entrenador?
- No hay que tomarlo como falta de humildad, pero fijate que en Uruguay fui campeón con cinco equipos diferentes: Peñarol, Bella Vista, Sud América, Liverpool y Juventud de Las Piedras. En esos cinco equipos, once títulos fueron de forma invicta, más de 125 partidos en un fútbol como el uruguayo. Recuerdo todos esos campeonatos y es difícil de elegir... Ser el campeón del siglo con Peñarol en 1999, después de que el año anterior había perdido todos los campeonatos, con un récord de goles que rompió el de la delantera de Uruguay del Maracaná, que era La Máquina del '49 y nosotros fuimos La Máquina del '99, campeones uruguayos por primera vez invicto en el Clausura, y después de tres finales ser campeón fue un hito muy grande porque yo venía de ser campeón con Bella Vista, que justamente le habíamos ganado una final a Peñarol para ir a la Copa Libertadores el año anterior. Generalmente te dicen, cuando sos un entrenador de equipos chicos, "vamos a ver cuando dirijas a un grande". Y tuve la felicidad de ser campeón. También hay un título que es espectacular, que es el de Liverpool: un año invicto, 31 partidos, y campeón de la Copa Montevideo. Y después, por último, pero que tal vez sea el primero por otras razones: haber sido campeón Sub 20 del Mundo en el Torneo de Viareggio, en Italia, ha sido espectacular. Primero porque fue un gran campeonato, y a ese equipo lo hicimos de la nada, de la D del Uruguay, del Interior, y fuimos a jugar ese torneo. Ahí jugaba Sebastián (Ribas, su hijo), era el capitán del equipo, fue goleador de ese torneo y a raíz de eso lo compró el Inter de Milán. Ese campeonato también lo guardo mucho en el corazón porque aparte era todo de jóvenes, jugaba (Rodrigo) Mora, jugador de River que yo traje del Interior, de Rivera, a 600 kilómetros de Montevideo, que es donde yo nací también, con 17 años, me hice cargo de él porque era menor, fue campeón y él después también hizo una carrera excelente por Peñarol, Benfica y ahora está jugando en River muy bien. Hubo varios jugadores que triunfaron después, era una Selección Sub 20. La guardo en el recuerdo también porque fue un triunfo a nivel internacional, en un campeonato de ese tenor, que tiene más de 66 años de disputa, donde han ido los mejores equipos del mundo, incluidos los argentinos, brasileños, uruguayos y europeos, sólo una vez un equipo sudamericano fue campeón y solo un entrenador sudamericano, y ese era Juventud de Las Piedras de Uruguay. Por eso comprenderás que digo que le agradezco a Dios la posibilidad que me ha dado de poder hacer lo que amo, de poder tener alegrías, y por sobre todas las cosas, fuera de los títulos, lo más importante: la pasión con la que vos trabajás y el saber de que le entregaste absolutamente todo a cada jugador que tuviste para que ellos pudieran triunfar en su carrera.

Hace unos días estuvimos hablando con Josemir Lujambio, que se que lo tuviste, y me dijo que cuando se fue de Peñarol quedó medio rara la relación. ¿Siguen siendo amigos?
- Si, ¿cómo no? Lo quiero mucho. Es más, si hubiera sido rara no lo dejo ir, de ninguna manera. Él me pidió para irse porque tenía una oportunidad en Argentina y ahí veníamos en una primera etapa en Peñarol muy complicada, fue el año que después salimos campeones, por eso te digo que fue maravilloso. Pero Josemir Lujambio es uno de los jugadores y de las personas que más quiero, simplemente que después se fue para Argentina y yo me fui para acá por trabajo. Yo soy una persona que no llamo mucho, que dentro mio tengo recuerdos permanentes de aquellos a los que quiero, incluida mi familia. No soy de estar comunicándome mucho, me cuesta eso. Yo a Josemir lo aprecio mucho y lo voy a seguir apreciando, fue uno de los jugadores que me sacó campeón en Sud América, vivimos horas espectaculares y lo tengo siempre en mis recuerdos como tengo a otros tantos compañeros de él que también han sido maravillosos en lo que se refiere al comportamiento como profesionales y como personas.

¿Al torneo siguiente fue lo que te tocó vivir en el clásico con Nacional?
- No, eso es el otro año. Eso es en el año 2000, cuando salimos campeones invictos en el Clausura. Ese fue el clásico en que se originó una pelea, pero nosotros ya llevábamos ventaja y al otro fin de semana salimos campeones invictos por segunda vez, el único equipo que logró dos Clausuras invictos es Peñarol, y el único entrenador también gracias a Dios y a mis jugadores fui yo.

¿Y cómo fueron esos once días?
- Muy jodidos. La pérdida de la libertad... Vos podés ver las películas que sean, te pueden decir lo que sea y no vas a estar ni cerca. A vos te pueden decir "tener un hijo es esto y lo otro", y hasta que no lo tenés, no lo sabés, y te pueden decir "la pérdida de la libertad es esto y lo otro", y hasta que no la perdés, como la tuvimos que perder nosotros... No importa si son once días, un día o más tiempo, fue brutal. Como persona, que siempre trato de ser un luchador en la vida, traté de transformar todo lo negativo en positivo, y lo hice, pero desde el punto de vista racional fue muy duro, estuve mucho tiempo después de la cárcel que de noche me despertaba y sentía los ruidos propios de la cárcel y mi señora me preguntaba qué me pasaba. Durante mucho tiempo le estuve preguntando si me sentía el olor de la cárcel, que estábamos en un cuarto donde había 17 personas con un hueco para hacer las necesidades, que no tenía una cortina ni nada, y vos ibas quedando con un olor en la piel. Yo sentía ese olor. Y después vas tomando determinado color. Yo decía "qué terrible darse cuenta lo importante que es la libertad". Había una ventanita chiquita en el último piso de la cárcel en que estábamos nosotros y la gente hacía cola para ir a poder mirar el cielo, sobre todo los que estaban ahí por muchos años, quince, dieciocho, veinte años, mirar el cielo, ver el sol, los pájaros... Después, las reglas de vida de la cárcel, las internas, los códigos que hay ahí, lo que tenés que afrontar... Son muchas cosas. Yo, personalmente, mi error, que fue el de pelearme, lo pagué. Pero no sólo lo pagué, que es lo que menos me interesa, con los once días. Lo pagué dentro mío, sabiendo que me había equivocado, con la grandeza de no echarle la culpa absolutamente a nadie. Fui la única persona que, cuando fue a declarar, no declaró.  Fui al primero al que pusieron fuera de toda comunicación porque el juez que estaba haciendo la instrucción me hizo entrar a una cámara, a un cuarto donde se había inaugurado justo ese día un sistema de televisión con 48 cámaras, no había cómo esconderse. Entonces prendió las cámaras y estaba yo, en el medio de la pelea, me dice "¿qué estaba haciendo ahí", y le digo "la verdad es que yo entré a separar para que no se pelearan y terminé peleándome". Me dice "¿quién es este?", y me señaló a un jugador de Nacional, que justo estaba en frente mío, que nos habíamos dado y que era el 'Chengue' Morales, y le digo "yo no se quien es, pregúntele a otro". Y el tipo se enojó conmigo, porque me preguntó por dos o tres jugadores de Peñarol y Nacional que se estaban peleando y yo le dije "no se". Entonces me dijo "ah, estás en inteligente. Andá allá, incomunicado", y fui el primero, pero no hablé de ningún compañero, eso para mí fue importante. Después, adentro de la cárcel éramos 7 de Peñarol y 3 de Nacional, pero se llevó muy bien la cosa; tal es así que nosotros, el otro fin de semana, mientras estábamos presos, salimos campeones, todo el Estadio Centenario rodeó la cárcel, empezó a gritar y nos tuvieron que sacar a la vereda para que la gente aplaudiera. Se movía la cárcel. Yo, adentro, le pedía a los otros jugadores que estábamos y a los otros que entramos que no hubiera ni festejo ni nada en respeto a los otros tres compañeros que estaban presos ahí, que eran del otro equipo. Dentro de todas las cosas malas, como siempre en la vida, no todo es malo. Si uno intenta tener sabiduría transforma lo malo en bueno, y yo he intentado hacerlo, pero es algo que es muy fuerte y muy duro de vivir.

Saliendo de esto y metiéndonos en el presente de tu hijo Sebastián, él hace unos meses dijo "a mi padre le debo todo lo que soy como futbolista, lo admiro desde chico". ¿Cómo es su relación a la distancia?
- Bueno, nosotros tenemos la alegría y la felicidad de tener una familia muy unida. Tanto con Sebastián como Tatiana, que es mi otra hija, y con Silvana, mi señora, hemos hecho un culto de la familia. De lo que más nos hemos preocupado es de la educación de ellos, como es en todos los padres, y de tratar que tengan principios y valores que los ayuden a manejarse en la vida. A mí me llena de alegría lo que me dice él; yo he tratado de, de toda la experiencia como persona y de todos los errores que he cometido como hombre y como entrenador, darle lo mejor y hablar de la mejor manera. Yo nunca hablo del equipo donde está jugando él ni de los entrenadores porque pienso que el jugador tiene que estar libre y escuchar sólo a su entrenador, no debe tener otras influencias. Sí hablamos de fútbol en general. A mí me tocó dirigirlo en una etapa de él, desde los 15 a los 17 años, que se fue para Italia. Lo que pasa es que a esa edad chupó como una esponja todo y te queda de recuerdo. Sebastián ha sido un agradecido de todos los entrenadores que ha tenido porque cada uno te deja una enseñanza positiva, y si es negativa te deja también una enseñanza porque aprendés cómo no ser. Yo le agradezco enormemente, pero el que tiene que admirarlo a él y a su carrera, yéndose con 17 años, teniendo el coraje y la valentía de ir adonde sea detrás del fútbol y la ilusión que tiene, somos nosotros, como padres, y yo aparte, como entrenador. Verdaderamente lo admiro por cómo es como persona, por cómo lo quieren en todos los grupos en que va, por su profesionalidad, la entrega, y lo admiro también porque es un muy buen goleador. Es un muy buen compañero, a todos los clubes que va los compañeros lo quieren y los entrenadores también, porque es respetuoso, humilde, sacrificado. Y lo admiro también como jugador por la faceta que hace, es muy buen goleador, nunca te va a dejar sin tocar la red.

Valieron la pena los insultos en el Torneo de Viareggio, ¿no?
- (risas) Esa historia... Aparte mirá qué increíble, porque yo no fui el que la contó, a mí me sorprendieron. En ese torneo también estaba Mora, estaba Britos, que ahora está jugando en Inglaterra y jugó en el Nápoli, tremenda cantidad de jugadores. Por el trato que tenía con ellos eran todos hijos míos. En ese partido estábamos cerca de la final, era y es histórico, después de que la logramos se dieron cuenta y a veces los jóvenes no se dan cuenta, y aparte él estaba peleando el título de goleador. Y bueno, salió esa jugada que fue medio de pilladito y pinchó la pelotita pudiendo hacer el gol... Y la completó después, porque yo ahí me calenté, le dije de todo, pero después cuando se acercó a tomar agua vino la frase esa donde le digo "pero sos un hijo de p..." y me dice "es tu señora". Y ahí lo saqué.

Y después hizo el gol en la final...
- Hizo el gol en la final, nos dio el campeonato. Aparte, él, Mora y todos festejaban los goles en frente mío porque era muy exigente, muy duro, y ellos venían y hacían unos bailecitos raros, y yo decía "pa, a estos cuando pueda los voy a levantar"... Excelentes jugadores, excelentes personas. Esas son las anécdotas folklóricas del fútbol.

Hablabas de Mora. En una nota hace seis años, él contó sobre el fallecimiento de la madre, jugar descalzo en Ribera y que vos fuiste una persona muy importante para él. ¿Imaginabas en ese momento todo lo que estaba por venir en su carrera?
- Si, yo tenía mucha confianza en él. Yo cuando lo vi, él tenía 16/17 años, y fui a hablar con la madre, a pedirle por favor que lo dejara venir a Montevideo, que yo había hecho un lugar de retiro para los jugadores muy lindo, muy bien llevado, que no le iba a faltar nada, que lo iba a hacer estudiar, y fue en lo único que le mentí un poquito porque hacerlo estudiar fue bravísimo. Pero que iba a estar contenido y que tenía mucha confianza en que él pudiera triunfar. La madre me otorgó ese orgullo de que pudiera venir conmigo a través de Sergio Correa, que es un compañero de Ribera que lo quiere mucho y que también lo ha ayudado mucho, que yo llevé como Director Deportivo a Juventud de Las Piedras. Y bueno, él vino, empezó a entrenar a muerte y yo lo hice debutar en Primera División enseguida, a él y a Sebastián, con 17 años. Y Mora en ese campeonato de Viareggio tuvo una actuación excelente también, jugando como volante, y después comenzó a hacer una carrera muy buena: Peñarol, Benfica, Defensor, River... Es un jugador reconocido, ayer era capitán de River, que no es para cualquiera. Y uno se emociona, le alegra mucho, porque te das cuenta que lo ves ahora en la Superliga Argentina, que para mí es una o la mejor liga del mundo. Yo soy hincha a muerte del fútbol uruguayo, si a mí me das para elegir un equipo yo quiero uno uruguayo, pero en cuanto a liga, a campeonato, pienso que la Superliga Argentina no tiene absolutamente nada que envidiarle. Yo viajo constantemente en Europa, dirigí en Italia, estoy acá desde hace cuatro años y veo todos los campeonatos, veo todo, y si hablamos estrictamente de lo futbolístico, no de toda la logística que hay fuera, de la elegancia que pueda haber, los campos de juego, para mí la liga argentina es la mejor que hay en el mundo, totalmente. Que estén jugando ahí Mora, Sebastián y tantos otros uruguayos, que lo estén haciendo bien, siendo eficaces en lo suyo, me llena de orgullo, y todavía más aún, lógicamente, si son jugadores que de alguna manera tuve, y en el caso de ellos dos, desde los 16 años, y que han sufrido lesiones, cosas duras, y se han repuesto y han vuelto, y siguen luchando... El orgullo es mayor aún. Para mí lo más importante es esto, el poder ver jugadores que uno hizo debutar con 15 o 16 años, como ellos, como el "Cebolla" Rodríguez, Luis Aguiar, al "Cacique" Medina, que fue el goleador mío en Liverpool y que hoy dirige Nacional, a Diego Alonso, que hoy dirige al Monterrey, a todos los muchachos que han estado con uno y que en este momento están triunfando. Yo siempre pienso que cuando uno quiere de veras y es honesto y derecho quedan cosas en la gente que está al lado tuyo, eso es lo que me enorgullece más.

Cuando te tocó asumir en la Selección de Gibraltar se decía que el objetivo era la clasificación a Qatar 2022. ¿Vos también te lo ponés en la cabeza?
- Hay que saber diferenciar los objetivos concretos y reales de los sueños y de las ilusiones. Indudablemente que un objetivo se puede transformar en un sueño y en una ilusión, pero hay objetivos más concretos y otros que pertenecen más a sueños e ilusiones. Concurrir a un Mundial es un sueño y una ilusión, por lo cual uno tiene que estar motivado siempre, a pesar de que la Selección sea muy joven, estés último o como fuera, vos siempre tenés que soñar lo máximo porque esa es la motivación que te lleva a lo otro, a lo racional, los logros concretos. Si en cuatro años que estás jugando todavía no has podido ganar, el primer logro y objetivo para mí y para la Federación es lograr la identidad real de Gibraltar, no que quiera jugar como los equipos españoles o ingleses, que quiera ser como el Barcelona, el Real Madrid, el Chelsea o el Manchester City. Querer ser o copiarle a alguien no es bueno, no tiene esencia, vos tenés que descubrir cual es tu identidad y yo tengo bien en claro después de tres años cual es la identidad del jugador de Gibraltar, lo que realmente desde un punto de vista estrictamente espiritual y deportivo necesita hacer para tener una identidad. Después de lograr esa identidad, es competir, y después de eso es tratar, en un proyecto, que tiene que tener tres etapas de cuatro años cada una, lograr las diferentes cosas que te vayas proponiendo. Siempre la ilusión, el sueño máximo de cualquier país, ¿cual va a ser? ¿Vos te pensás que solo Argentina, Uruguay o Colombia pueden soñar con ir a un Mundial? Un país que tenga 300 habitantes también quiere ir a un Mundial. Que después pueda o no es otro problema, ¿pero quién le va a quitar la ilusión? ¿Quién puede quitarle un sueño o una ilusión a alguien? Después se verá si vas a estar capacitado o no, pero es lo que tenés que soñar, porque después hay otro tiempo para la reflexión y de la racionalidad para saber, en este momento, qué es lo que podés lograr, adonde estás situado, adonde vas a llegar en seis meses, en un año, y así tendrá que ser en la Federación de Gibraltar, soñar con ir al Mundial de Qatar, y si no es, soñar con ir al de Estados Unidos, Canadá y México, y después no se si será en Uruguay o España, pero va a ser siempre un sueño, tiene que ser un sueño. Puede parecer que es el de un loco, pero los sueños son así y hay que respetarlos, buscarlos, y la vida te dirá. Y si no pudiste llegar serás un triunfador también porque has dado todo, no has dejado nada por dar, no hay forma de errar, vas a poder ser siempre un triunfador, logrando un sueño o no lográndolo, pero tenés que lograrlo y trabajar para eso. Ahora nosotros tenemos que lograr primero la identidad, después hacer un equipo sólido, después uno que pueda competir en forma igualitaria con todos los demás, y después de ese momento ya es empezar a lograr las metas que van de la mano de los torneos que se juegan, pero primero tenemos una etapa grande que nos va a llevar por lo menos tres o cuatro años, y después de eso la Federación elegirá para la próxima etapa de procesos quién es el que la lleva adelante, si es uno u otra persona, pero hay que sentar las bases, ser organizado y buscar las cosas verdaderamente, con solidez, pasos cortos, firmes, necesarios y sin mutilarte los sueños grandes.


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