ENTREVISTAS | ALEJANDRO MONTENEGRO

Alejandro Montenegro, ex jugador de River, y un mano a mano imperdible: su trabajo en la captación y la exigencia de Gallardo, sus inicios, el Superclásico, el viaje a Japón y su paso por San Lorenzo y Talleres.


¿Cómo es un día en tu vida?
- A partir del 2 de febrero tuve la oportunidad de trabajar en el área de captación, un área que es del Departamento Infanto-Juvenil del fútbol amateur, y el proyecto está a cargo del técnico de la Primera División, que es Marcelo Gallardo, el Director Deportivo, que es Gustavo Grossi, y el Director General del área de captación, que es Daniel Brizuela. Ellos son los encargados de manejar este proyecto, salimos cada quince días por el interior del país viendo y probando jugadores de categorías 2003 a 2011 para las divisiones infantiles y juveniles.

¿Qué tan exigente es Gallardo con respecto a esa área?
- Marcelo está al tanto de todo, no sólo con los informes nuestros y con la tecnología, sino que va a ver mucho lo que es fútbol amateur, está pendiente de los jugadores de buen pie, de los entrenadores que puedan formar los enganches... River volvió a tener enganches en el fútbol infantil y juvenil y él está muy enterado de todo esto porque es el encargado, el cerebro del proyecto, está muy vinculado hacia la captación, hacia los directores y los entrenadores, pendiente y consciente de todo lo que ocurre en las divisiones inferiores.

Como hincha, ¿disfrutás que el entrenador de tu equipo esté metido en todo esto más allá de sus obligaciones con la Primera?
- Y... La verdad que eso a uno lo motiva, no se ha visto que sucedan este tipo de cosas, no es normal para los clubes de la envergadura que tiene River, los clubes grandes. No es normal ver al entrenador ver fútbol infantil o juvenil en categorías menores, siempre se los ve viendo el fútbol más grande, cuarta división, Reserva, y esto es atípico, pero para él es normal y a nosotros nos da esa pauta de que tenemos que estar a la altura de las circunstancias, así exige el proyecto. Tenemos que ponerle todo nuestro esfuerzo para salir al interior y tratar de conseguir al mejor jugador para la institución.

Estuvieron viendo un montón de chicos este año. ¿Qué se le dice al que va a tener una prueba en River y al que todavía le falta?
- Al que tiene que seguir entrenando nosotros siempre lo dejamos en una base de datos; el club implementó un sistema de un servidor, una app, y nosotros tenemos a todos los jugadores en base de datos, a los que todavía no han alcanzado ese pequeño lumbral para pasar. Y a los chicos que realmente tienen esa posibilidad de hacer la prueba final y de estar en la institución, lo que más les decimos es que no desaprovechen esa oportunidad. El desarraigo se que es muy importante, pero la inversión que hace el club de ir a buscarlos, traerlos, ponerlos en la pensión, darles el colegio, la alimentación y estar promoviéndolos no se puede desaprovechar, esos consejos son los que les damos.

¿Disfrutás de este trabajo tanto como de dirigir?
- No, esto no lo disfruto, no me gusta hacer esto, mi vocación sigue siendo la de docente, la de enseñar, la de estar cerca de un plantel y pulir lo que a mí me enseñaron mis maestros a la hora de poder ejercitar y mejorar la capacidad técnico-táctica de los jugadores. Yo me siento entrenador, pero bueno, por distintos motivos el club hace esos intercambios en todas las áreas y a mí me tocó estar en esta, pero siempre tengo en mi cabeza la ilusión de dirigir y de seguir trabajando, a corto plazo, en un plantel.

¿Qué te acordás de tus inicios en Ferro y cómo llegaste a River?
- Lo que más recuerdo de esa época es que las cosas eran completamente distintas a esta realidad, mucho más difíciles, mucho más duras para los más chicos a la hora de poder tener una oportunidad y de poder debutar en Primera División. El jugador no debutaba muy joven, sino pisando ya los 20 años, entonces el esfuerzo era mucho más grande y las oportunidades eran cada vez menos. Lo que recuerdo siempre de ese Ferro es que hice 9 años en las divisiones inferiores y no pude jugar en Reserva, me dejaron libre siendo jugador de inferiores, y me fui a probar como cualquiera a River. Gracias a Martín Pando tuve la posibilidad de jugar en divisiones inferiores, que fue el último año de cuarta, para debutar en el año 83 en Primera División. Nunca pensé que iba a poder jugar en la Primera de River, para mí el esfuerzo fue fundamental a la hora de poder estar y de poder compartir un montón de cosas con jugadores de mucha capacidad técnica que me enseñaron muchísimo.

Al principio te costó y te tuviste que ir a préstamo a Chacarita. ¿Con qué aspiraciones fuiste? ¿Imaginabas que, al volver, ibas a lograr todo lo que se consiguió?
- Las aspiraciones fueron lo que fui a buscar, competencia, poder rubricar el esfuerzo de jugar en Primera División, porque en el año 83 jugué por la huelga de Primera siendo jugador de inferiores. Me sentía capacitado como para seguir jugando en Primera, no tuve la chance y me tuve que ir a préstamo a Chacarita, que eso me benefició muchísimo en el aspecto deportivo, jugué casi 65 partidos en la Primera de Chacarita y, al volver a River, lo hice con otra jerarquía, con otra forma de juego, otras ganas, siendo un poquitito más agresivo a la hora de tratar de ganarme un lugar, no siendo una especie de jugador medio amateur. Ese año en Chacarita me hizo muy profesional, y cuando tuve la chance en River de poder consolidarme como jugador titular lo logré enseguida, me afiancé rápido.

Entre la Intercontinental, la Libertadores o algún Superclásico, ¿cuál fue más especial para vos?
- Yo creo que hay dos o tres momentos importantes en mi carrera, que en River uno no puede dejar pasar por alto. El primero es haberle convertido un gol a Boca en el estadio, con tanta cantidad de gente, y que haya sido el único gol que se convirtió, a lo largo del tiempo la gente lo sigue recordando mediante los clásicos, está catalogado como uno de los diez goles más importantes en la historia de los clásicos. El haber podido dar la vuelta en la cancha de Boca, que no es nada fácil pero tampoco imposible. Y haber logrado la Copa Intercontinental en la institución me parece que marca una realidad muy única en la historia de mi carrera. Me quedo con esos tres momentos.

¿Qué tenía de especial ese equipo del "Bambino" Veira?
- Veira lo que logró fue unificar a los grandes con los chicos, tratar de que la línea media de las diferencias de edad no se notara. Jugaba el que mejor estaba y la gran diferencia la marcaba pura y exclusivamente el orden que tenía a la hora de trabajar, las ganas y el hambre de quedar en la historia que tenían los jugadores. Los jugadores tenían unas ganas de quedar dentro de la historia del club terribles y eso se veía a medida que pasaban los partidos. River fue grande en esos casi dos años sacando esos tres títulos por el hambre que tenían esos jugadores.

¿Qué te acordás del viaje a Japón?
- Lo que pasa es que en ese momento no había las redes sociales ni la cantidad de periodistas que hay ahora, el logro lo vemos ahora, a lo lejos, y repercute mucho más. El viaje a Japón fue interminable, casi setenta y pico de horas, tuvimos que hacer una parada en Los Ángeles y llegamos allá 15 días antes, sin tener ningún conocimiento, con traductores todo el tiempo. Nos encontramos con un equipo rumano que estaba en dictadura, completamente con soldados, gendarmes. Jugador por jugador tenía un soldado o un gendarme para no escaparse de su país y eso nos llamó la atención. También nos llamó la atención que todos los japoneses estaban sentados, habían muchas bocinas de aire y un país completamente distinto, con una organización muy buena. Hacía mucho frío en Japón y no teníamos conocimiento del rival, pero sí de nosotros mismos, que queríamos quedar en la historia de la institución y lo único que teníamos que hacer era nuestro trabajo, nos dieron el momento justo de pegar y hacer el gol, lo hicimos y sabíamos que defensivamente teníamos un equipo bastante duro a la hora de que nos puedan convertir.

¿Y cómo fue la vuelta?
- El regreso fue por intermedio de Los Ángeles porque se hicieron dos partidos allá. Después, regresamos a Buenos Aires y hubo mucha gente en el aeropuerto de Ezeiza, mucha gente, pero enseguida River tenía que jugar un partido y no me lo olvido más: llegamos un sábado y River tenía que jugar un partido con Argentinos en cancha de Ferro, y el "Nano" Areán me preguntó si quería jugar, así que de Ezeiza me fui a la concentración de River y al otro día jugué, ganamos 4 a 3.

Si bien la mayoría te recuerda por tu paso por River jugaste en Talleres, San Lorenzo, Belgrano y nuevamente en Talleres. ¿De cuál de estos clubes tenés mejores recuerdos?- Me quedo con el primer año de San Lorenzo que fue muy bueno, tuve la suerte de salir campeón en la Liguilla pero me rompí los ligamentos cruzados y no pude jugar la Copa Libertadores. Después, me quedo con el primer y el segundo año de Talleres de Córdoba, con un equipo muy importante, que lo armó Roberto Saporiti, con muy buenos jugadores, y el segundo equipo fue el que jugó en la B Metropolitana y ascendió a la Primera División, que estuvo a cargo con Willington. Me parece que esos tres años, tanto en San Lorenzo como en Talleres fueron los que con más intensidad viví.

¿No te trataron distinto por haber jugado en Belgrano y en Talleres?- No, yo no lo sentí así. En esos tiempos existía la misma rivalidad pero yo tenía que trabajar y no quedarme sin jugar al fútbol, hice de mi mejor manera las cosas en Belgrano y en Talleres. Hasta el día de hoy sigo siendo más reconocido en Talleres de Córdoba que en Belgrano, así que no me había cambiado nada la ecuación, mi situación en Talleres estuvo más relacionada al juego que al fanatismo que podía haber tenido en Belgrano.

Como entrenador, además de trabajar en inferiores, tuviste la posibilidad de dirigir a la Primera de All Boys. ¿Lo disfrutaste pese a los resultados negativos y los problemas institucionales?
- Se disfruta, pero se disfruta mucho más si va acorde a lo que se planifica y se promete, esto tiene mucho que ver en esos clubes. En All Boys, antes de hablar de la Primera, te tengo que decir que trabajé en divisiones inferiores y había un gerenciamiento donde estaba muy claro y muy conciso lo que se necesitaba a la hora de trabajar, que era manejar la mayor cantidad de posibilidades con los jugadores de divisiones inferiores para brindárselo a la Primera, y ese grupo de trabajo estuvo muy bueno. Después trabajé en Reserva, que también se consolidó, pero lamentablemente All Boys equivocó el camino, y en vez de seguir con un entrenador que le podía dar a las divisiones inferiores la posibilidad de que sus jugadores debutaran en Primera División salió a contratar a Julio Falcioni, que habrá traído a 20 jugadores de otros clubes. El proyecto ya no es el mismo, y cuando me tocó dirigir a mí el 70% de los jugadores prácticamente no eran del club, eran a préstamo, y el 30% era de los que yo conocía de divisiones inferiores. Los directivos me llevaban a mí para tratar de poner a los pibes en un campeonato como el Nacional B, que es muy duro, muy complicado, y tenía que jugar con jugadores medianamente mixtos de edad y de consistencia. Sacamos el 50% de los puntos, pero después, por una cuestión presupuestaria y que algunos directivos no querían que continuara en la institución, me tuve que ir.

Ya sabés lo que es ganar un Superclásico, dar la vuelta ante el rival de toda la vida y marcarle goles. ¿Con qué se compara esa sensación? ¿Y con quién lo vas a ver?
- Espero poderlo vivir en el Monumental, todavía no tengo mi entrada, estoy tratando de conseguirla y espero que lo pueda hacer, y sino lo haré en mi casa y con mi familia. Vivir los momentos de clásicos y haberle convertido un gol a Boca que queda en la historia del club es único y esto, lo que está viviendo el club también, es único, a una final de Copa Libertadores no se llega todos los días y hoy, más que nada, es tratar de entrar en la historia del club. Ojalá estos jugadores nos den esa posibilidad de tener una nueva copa en la vitrina y un buen campeonato intercontinental en el Mundial de Clubes.


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