ENTREVISTAS | SEBASTIÁN BRUSCO

Sebastián Brusco, ex jugador de Belgrano, y un mano a mano imperdible: sus inicios, el paso a Racing y la quiebra, la experiencia en México y Bolivia, el Instituto de Martino, el ascenso con San Martín de San Juan y más.


¿Cómo es un día en tu vida?
- Generalmente es levantarse, llevar a los chicos al colegio, acompañarlos y después irme a laburar. Trabajo en una inmobiliaria así que me voy al centro de la ciudad de Córdoba, después de vuelta con los chicos o con actividades de familia, y los fines de semana tengo una fundación donde laburo, que es Tercer Tiempo en el Fútbol, en la cual hacemos un encuentro, damos charlas y compartimos un momento agradable entre dos equipos de distintos lugares.

¿Tenías definido lo de la inmobiliaria después del fútbol?
- No, para nada. Surge la posibilidad desde un amigo, que es martillero público, corredor, de ofrecerme ser socio por mis contactos y mi conocimiento para que emprendamos este camino juntos hace ya casi tres años.

¿Y lo de Tercer Tiempo como surge?
- Otro amigo me preguntó la idea hace como seis años, situación que me parecía rara y alocada al principio, de decir "¿cómo un tercer tiempo en el fútbol?, no existe, no es como el rugby". Y bueno, de a poco los clubes lo fueron entendiendo y ahora todos los fines de semana visitamos canchas de la ciudad de Córdoba, por ahora, por los costos y la parte operativa, pero ya es un programa, una costumbre que se está haciendo, y ya lo toman como algo normal los chicos, a eso apuntamos.

Se juntan, comen con los chicos y buscan una unión más allá de las camisetas, ¿no?
- Seguro, es un deporte. El mensaje es sobre todo para los padres, que son los que, generalmente, provocan, condicionan y alteran el desarrollo de un partido normal de fútbol, que tiene sus problemas, con sus golpes, sus caídas, sus fallos arbitrales equivocados y demás, pero el padre no puede incitar o ponerse en barra brava dándole el mal ejemplo al hijo.

Hablando de tu vida fuera de las canchas, ¿seguís los partidos o estás alejado del deporte?
- Sentarme a ver el partido si, ir a la cancha no tanto. Soy de seguirlos por los diarios, por la tele, desde otro lado, de hincha, de ponerme a cargar con amigos que tengo de Talleres y otros equipos, ya mirarlos más con humor, con el folklore del fútbol, que a veces uno cuando es jugador no lo vive de esa manera.

¿Siempre mirás a Belgrano y el fútbol argentino o también te apasiona mirar fútbol de afuera?
- Apasionarme no, pero veo partidos del Barça, lo normal, los más conocidos. No me voy a poner a ver Birmingham contra Cardiff, no se.

Hablando de tu carrera, ¿qué recordás de tus inicios en Belgrano?
- Mi infancia, haber tenido un sueño y luchar por conseguirlo, los inicios en Primera, los partidos difíciles al principio, los nervios, las alegrías y las tristezas, porque el fútbol es así, las mayorías de las veces terminás no logrando lo que querías como equipo o individual. Una experiencia muy enriquecedora y muy gratificante.

¿Y qué sentiste al llegar a Racing unos años después?
- Un sueño, no creía, no entendía cómo un equipo grande de Argentina me quería, también sonaba en aquella época que Boca me quería... Ahí estás en las nubes, ni me acuerdo qué había pensado, más que soñar era volar.

Después de tu salida del club se da la quiebra y lo que pasó más adelante. ¿Desde adentro lo percibías? ¿Y cómo lo viviste desde afuera?
- El primer año la pasamos bien, estábamos en la Copa Libertadores, el club parecía que estaba bien. Lo que pasaba era que había una bomba de tiempo atrás, el segundo año se empezó a poner más áspera la cosa cuando perdimos la Copa. Yo me fui y ya se veía venir el lío. Desde afuera lo viví mal, triste, por los compañeros que quedaban, por los empleados, por la gente y también por la situación personal, porque obviamente a mí me quedaron debiendo, después se fue a la quiebra y no sabés cómo cobrarlo vaya a saber en cuántas cuotas, si es que lo cobrabas. No fue un buen momento para nadie.

¿Por qué elegiste ir al Neza de México y cuánto te costó la adaptación?
- Me fui porque en Racing no tenía más lugar y quería jugar. Supuestamente al lugar donde iba me querían, entonces iba a ir a jugar en una liga que, si bien no es como ahora, había salido campeón el Toros Neza el año pasado, el anteaño había ascendido, había hecho mucha publicidad, mucho ruido, Mohamed con un par de jugadores más, saliendo campeón, tiñiéndose el pelo... Fue una movida muy grande y que me llamó la atención. Después, por la plata, obviamente, era en dólares y era buen dinero. No se si me adapté o no, pero no jugué, llegué, pusieron un técnico que no me había pedido, y como son estas cosas del fútbol muchas veces es suerte, depende de un técnico que te quiera o no, que te ponga, que te banque, que no tenga negocios con algún otro representante, varias cosas que hicieron que no jugué y por eso me volví a los seis meses.

En Instituto tampoco te quería el entrenador y sin embargo pudiste revertir la situación. ¿Qué significó haber sido dirigido por el "Tata" Martino? ¿Te dejó alguna enseñanza?
- Enseñanzas un montón, sobre todo reafirmar que hay gente decente y honesta en el fútbol, sin tantos rodeos, problemas, seguro de sí mismo... Un montón de apreciaciones que uno aspira a ser en su vida. En su momento era Martino un gran ex jugador, empezaba como técnico, y el orgullo de haberlo tenido es que el tipo haya crecido tanto y haber tenido un año con él.

¿Algún otro entrenador te marcó a lo largo de tu carrera?
- Si, obviamente, varios. Me acuerdo en este momento de Carlos Ramacciotti, Gustavo Quinteros, que lo tuve en San Juan, el "Teté" Quiróz también, "Coco" Basile también, obviamente, con su personalidad y su gran nombre en el fútbol argentino, un tipo muy directo, bastante certero en lo que ve del fútbol. El jugador sabe que técnico, más allá de que le vaya bien o mal, con un par de indicaciones y comentarios, sabe realmente o no, si ha vivido o no, si le pega o no. Esos son los tipos que realmente me han marcado.

¿Te trajo alguna repercusión haber jugado en Belgrano y en Instituto?
- No, ninguna, porque no es la rivalidad absoluta como lo es Belgrano - Talleres y porque yo lo manejé bien en el sentido de prensa, del juego, de brindarme en cada club donde estuve, así que por suerte no tuve problemas en ninguno de esos dos equipos, ni en la ida ni en la vuelta.

Sabiendo que sos hincha de Belgrano, ¿qué significó la vuelta al club y cómo ves el presente?
- Siempre es un gusto volver a tu casa, a ver gente que conocés y estar seguro en un lugar, donde te sentís bien. Ahora lo veo muy complicado, obviamente, pero bueno, apoyando y deseando que en este tramo final no se vaya al descenso, que es lo que todos los hinchas y simpatizantes quieren.

¿Cómo tomaste, varios años más tarde, tu salida del país al fútbol de Bolivia?
- Fue bueno porque jugué, sobre todo, siempre quiero destacar que el jugador necesita jugar, no hacer banco sin ser tenido en cuenta, eso te perjudica a la larga. Jugué todo el año, me brindé al máximo, el técnico me quería, salimos campeones... Ese mismo técnico, que es Quinteros, después agarró (San Martín) San Juan y me trajo. Fue muy positivo, la verdad.

¿Qué te acordás de la fecha del ascenso a Primera con San Martín?
- La noche, la final con Huracán, el gol, la locura de la gente... Toda esa noche obviamente no me la puedo borrar.

Duraron una sola temporada pero comenzaron ganando, después hubo algunos traspiés contra clubes grandes, ¿pero qué significó para vos el triunfo contra River y el golazo de tiro libre?
- Es una satisfacción personal hacer un gol, pero para el club significó ganarle a un grande, que nunca le había ganado en Primera. Por más que duró poco la alegría fue un orgullo que nunca había vivido, después se repitió, San Martín volvió a estar en Primera varias veces y se consolida casi como un equipo de Primera por más que ahora está complicado de nuevo.

¿Por qué te retiraste en Independiente Rivadavia?
- No lo elegí, pero me quería venir a Córdoba, tenía prácticamente arreglada con Belgrano la continuidad un semestre más, y se dio que el técnico, que en ese momento fue Labruna, no me quiso, quería otra forma de jugador, otro defensor, otras características, me quedé sin la posibilidad de estar acá, en Belgrano, y entonces, como ya quería vivir acá en Córdoba, dije "bueno, chau, hasta acá llegué".

¿Te costó tomar la decisión?
- No, porque ya lo tenía tomado desde que vine a Córdoba. Por supuesto si me llamaba River iba a ir, no voy a discutir eso, pero mi carrera iba decreciendo por la edad, porque ya no me llamaban tanto los clubes, si era Belgrano venía bárbaro, jugaba y me retiraba, y sino dejaba. 

¿Te quedó algún desafío pendiente en tu carrera?
- Si, en su momento, cuando era más chico, me quedó la ilusión de ir al Sub 20 de la Argentina. Estaba jugando en Primera, con 19 años, de central, había posibilidades de que me llevaran aunque sea a una prueba y al final llevaron creo que a "Tomatito" Pena, entonces esa ilusión de haber ido aunque sea a un entrenamiento de la Selección me quedó como cuenta pendiente.

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