ENTREVISTAS | LUCAS PASSERINI

Lucas Passerini, jugador de Palestino, y un mano a mano imperdible: la vida lejos de casa, como viven junto a Luis Mago la crisis de Venezuela, sus años en el ascenso, la humildad del equipo y la Libertadores.


¿Cómo es un día en tu vida?
- Depende de si tenemos libre o no, ahora tenemos mucha competencia, gracias a Dios pudimos clasificar a la copa y entrenamos todo el día. Me levanto siete de la mañana, me preparo el mate, me voy al club, que me queda a unos 40 minutos, desayunamos ahí, entrenamos, después me vuelvo a mi casa o coordino con alguno de los chicos para ir a almorzar, como vivo solo, para llegar y cocinar te gana un poco la vagancia, así que con Juli (Fernández) o alguno de los chicos que vive acá cerca de mi casa nos juntamos y vamos a almorzar. Después duermo un rato dependiendo del entrenamiento que hayamos tenido a la mañana, ando con el mate todo el día, voy al gimnasio, a la noche me cocino, ceno acá en mi casa, si hay algún partido de fútbol argentino lo engancho, o miro una serie o una película, y ya después a descansar y prepararme para levantarme al otro día a la mañana.

Conociendo tu historia, que hace mucho tiempo estás lejos de tu casa, ¿te tuviste que adaptar a grandes cambios en Chile? 
- No, creo que me sirvió mucho haberme ido de mi casa a los 13 años para independizarme, para vivir solo, no depender de mi vieja, que me cocine, me sirvió un montón porque después me tocó andar por varios lugares de Buenos Aires, vivir en Junín, cuando me fui a Paraguay lo hice solo también, y acá hace tres meses estoy. La vida en Santiago es muy parecida a la de Buenos Aires, no con el mismo ritmo de vida que te genera andar a mil, es más tranquilo, una ciudad hermosa. Donde más me costó adaptarme fue en Paraguay, si bien tengo raíces, familiares que son de Formosa, que está a 50 kilómetros de Asunción, me costó un poco, pero hoy me toca estar acá, en Palestino, y estoy disfrutando mucho el momento que está pasando el club, por suerte nos va bien, nos están ayudando los resultados y lo estamos sacando adelante.

¿Hablás de la situación de Argentina con Julián Fernández, Agustín Farías o tus compañeros chilenos?
- Si, obvio. Trato de informarme mucho de los noticieros argentinos, estoy constantemente en contacto con mi familia, con mis viejos, que son muy laburadores, entonces la situación del país te la transmiten y uno estando acá afuera trata de ayudarlos, que de alguna manera todo sea un poco más leve. Tengo amigos también que juegan en el ascenso del fútbol argentino, en la C, en la D, y es una locura las cosas que me cuentan, si bien a mí me tocó pasar de estar en clubes que cobraba 3/4 meses atrasados, y con la inflación que hay, es difícil... Es difícil el ascenso y la situación que está viviendo hoy el país. A veces con Juli, que es con el que más relación tengo, y que él también está solo, nos juntamos, lo veo, Agustín está con su familia pero también tenemos buena relación y se charla también. Cuando estuve en Guaraní también estaba con Gabriel Esparza, Guille Benítez, con Imperiale, que ahora vino a Iquique, y también charlamos de lo mismo, de cómo sube el dólar, cómo está el país, lo difícil que es...

Más allá de lo que se ve en la cancha, ¿cómo está Luis Mago con las cosas que pasan en su Venezuela?
- Desde que llegamos los dos como últimos refuerzos tuvimos buena relación, hablamos mucho, antes de mudarme adonde estoy ahora vivía cerca de la casa de él, siempre viajábamos, lo veía y era mirar videos, comentarios o alguna noticia que pasaba en Venezuela, cuando el pueblo salía y habían tiros, muertes, la verdad que la pasaba muy mal y él sufría mucho eso, también tenía a su familia que no podía viajar porque tenía a un nene chiquito y se le hacía difícil poder sacarlos del país por el tema de pasaportes... Nosotros vamos al aeropuerto y en 24 horas tenés el pasaporte, y a él le cobraban una fortuna y tenía que esperar 15 días, y era para su nene, no para un conocido. Pero bueno, por suerte hace poco pudo traer a su familia, a su mujer, a sus hijos, que era lo que más lo tenía preocupado de la situación que está viviendo Venezuela. Más allá de que adentro de la cancha cuando a uno le toca jugar un partido se olvida un poco de los problemas, de las cosas malas que le pasan, contra el DIM, cuando clasificamos después de la tanda de los penales fui, lo abracé y se largó a llorar, me decía que había pasado momentos de mierda, momentos malos, y que estaba muy contento, muy feliz de haber logrado esa clasificación, pasar de llave. Nosotros tratamos de apoyarlo, que no esté tan pendiente de lo que pasa allá en su país, es difícil pero tratamos de ayudarlo a que no esté pendiente de las noticias, de los inconvenientes que hay, que no tienen luz... Pero también hay que entenderlo, él es de allá, tiene familia y sufre mucho.

¿Qué recordás de tu infancia?
- Yo nací en Formosa, vivía con mis abuelos, con mi viejo, en ese momento la situación de mi viejo no era buena, no tenía trabajo o trabajaba en un frigorífico, y me tocó vivir en varios lados. Viví en Misiones, en El Dorado, tres años, y por eso no comparto tanto que soy de Formosa si bien mis abuelos y mi viejo son de allá. Después, por cuestiones laborales y que mi mamá es del sur nos tocó ir a vivir allá, a un pueblo que se llama Tecka, que queda a 80 kilómetros de Esquel, sobre la Ruta 40, un pueblo muy chiquito pero que es hermoso, siempre que me toca ir de vacaciones voy y las paso ahí, con mi familia. Ahí pude decir "estoy en mi casa, con mis amigos, voy a la escuela, salgo a la calle y me voy a jugar a la pelota con mis amigos, mis vecinos", me siento parte de eso porque la verdadera infancia la viví ahí más allá de que tengo amigos y primos en Formosa, me crié y me desarrollé mucho en el sur. Pero también es contradictorio, porque a los 13 años me tocó irme, viví 8/9 años en Buenos Aires y tengo 3/4 amigos en Quilmes, hicimos todas las Inferiores juntos y tengo muy buena relación con ellos también.

¿Te costó la distancia en el tiempo que estuviste en Quilmes?
- Si, me costó el primer año más que nada, por cómo se dio. A los 13 años dije "no voy a jugar más al fútbol", tuve una prueba en San Telmo, había quedado, pero como extrañaba mucho a los 10 días me volví a mi casa y dije "no juego más". Mi viejo es camionero, me iba de vacaciones a Formosa con él, y un cuñado de él me consiguió una prueba en Quilmes, en la séptima división, que estaba "Lalo" Colombo de técnico, y las vueltas de la vida, que me tocó ir una semana a entrenar, hacer un amistoso contra Lanús, pude convertir un gol, el partido terminó 1 a 0, me dijeron que me iban a fichar, que tenían que venir mis viejos a firmar el permiso porque era menor de edad, vivir en pensión, con amigos que no conocía, y así te vas haciendo. Es un sacrificio que mucha gente no lo ve, ven al jugador que está en Primera División, que tiene lujos, una casa, un auto, que vive bien y se viste bien, pero no ven el sacrificio, hay muchos chicos a los que les toca dejar su familia, su infancia, irse a un club, a una pensión, capaz que al mediodía no comés, a la noche no cenás, te la tenés que rebuscar, más sabiendo cómo es la Ciudad de Buenos Aires... Es todo un sacrificio, pero yo por suerte lo pude sacar adelante, hoy estoy cumpliendo un sueño, la semana pasada me tocó jugar en El Monumental. Son 7/8 años que uno la tiene que remar, no se si soy un trotamundos pero tuve que dar una vuelta grande de pasar de la Primera División de Quilmes a jugar en el ascenso, llegar a Tigre, Sarmiento, un par de clubes que me sirvieron para hoy en día tener una experiencia.

¿Y no te bajoneó el hecho de no poder jugar en Quilmes y tener que rebuscártela en el ascenso?
- No, creo que ese es el punto alto de toda mi carrera, nunca bajar los brazos, nunca rendirse, a alguno le puede buscar y a otro no. Yo siempre lo comparto con mis amigos, nosotros somos una figura pública, estamos expuestos a las críticas, bien o mal te la tenés que aguantar, te critican o te halagan en todos lados, a algunos técnicos les podés gustar y a otros no. Me tocó salir de Quilmes, era chico, tenía 19 años, y la tuve que ir a pelear en el ascenso, me fui a Comunicaciones, estuve un año ahí, después mi paso a Estudiantes de Buenos Aires, que los primeros seis meses estuve bien y después tuve una lesión en la rodilla, me tuve que operar y a volver a remarla, pero se trata de esto, de ser perseverante, constante y no rendirse nunca.

Tanto en Comu como en Estudiantes la idea era hacer una buena campaña y pelear por ascender, pero en Tigre se vivía con la calculadora en mano. ¿Cómo fue eso para vos?
- En Comunicaciones, cuando me tocó ir, también estaba peleando el descenso, teníamos que hacer una buena cantidad de puntos para salvarnos, al hacerlo quedamos a dos de entrar al reducido pero después me tocó ir a Estudiantes de Buenos Aires y ahí estás un poco más tranquilo, siempre peleó los torneos, me tocó llegar a la semifinal también. En Tigre había que mirar un poco de reojo la tabla del descenso, y en Sarmiento también, porque era un club que recién había descendido y dividía de distinta manera a los demás, si ganaba se favorecía pero los primeros seis meses no había sacado muchos puntos, después me tocó ir, estaba en zona de descenso y el objetivo era salvarse, pero más allá de eso tratar de aspirar al reducido, y estuvimos tan cerca que fue un dolor grande esa final con San Martín de Tucumán.

¿Te acordás de esa final?
- Si, obvio, asumo que ya pasó eso pero siempre pienso en lo raro que fue. El primer partido en Junín lo habíamos hecho muy bien, ganamos 1 a 0 pero merecíamos un poco más, si el partido terminaba 2-0 o 3-0 estaba bien porque fuimos superiores.

Aparte se había armado un lindo grupo con Delfino...
- Si, con Iván, con los chicos... Me tocó ir y me recibieron de muy buena manera, creo que en cualquier ámbito laboral si querés lograr los objetivos es fundamental tener un buen grupo humano, podés tener buenos jugadores pero si no tenés un buen grupo creo que no te va a llevar a nada. Me tocó en Junín un excelente grupo y después nos tocó ir a San Martín de Tucumán, a los dos minutos nos habían dado vuelta la serie, se hacía todo cuesta arriba, fue un golpe duro porque vamos con una ventaja y que ni bien saquen te hagan dos goles y lo tengas que pelear de vuelta de atrás... Pero bueno, no era para nosotros ese ascenso, le tocó a San Martín de Tucumán y nos tocó quedarnos con el segundo puesto.

¿Qué fue lo más positivo de tu paso por Guaraní?
- Trato siempre de rescatar las cosas buenas, por más que no haya jugado, haya tenido 3/4 partidos nada más, trato de siempre sacar algo positivo del grupo, de los partidos, de los rivales, de sumar experiencia. A veces no me tocaba ni concentrar ni estar en el banco y convivir con eso es parte de esto, saber que hoy en día podés ser una pieza fundamental en el equipo y, el día de mañana, te toca esperar y verlo de afuera, hay que aprender de eso, tratar de sumar siempre y tirar para el mismo lado, es parte del grupo, de las personas que estén ahí. Rescato que me tocó ver muchos partidos de afuera, ver al equipo cómo salía campeón de la Copa Paraguay siempre apoyando, tirando para el mismo lado, tratando de ser productivo desde ese lado.

¿Qué significa estar jugando la Libertadores después de todo lo que la peleaste en el ascenso y lo que comentabas en Paraguay?
- Cuando me tocó venir sabíamos que teníamos la posibilidad porque el equipo había ganado la Copa Chile, pero bueno, la fase que nos había tocado era muy difícil, el DIM, si pasábamos teníamos que esperar al ganador de Talleres - San Pablo, tres equipos que nosotros éramos los últimos de los últimos, si había un favorito era San Pablo, después estaba Talleres, después el DIM... Pero bueno, me tocó sumarme a un excelente grupo, más allá de que hay jugadores grandes, de jerarquía, que han jugado en muchos lados, mucho tiempo en Europa, son personas humildes, que te ayudan en todo sentido, desde lo más mínimo vos pensás "esta persona que jugó en tal lado, que tiene tanto repertorio y palmarés, de la manera que se comporta con uno", no lo había vivido nunca. Eso es fundamental más allá de que el técnico es la cabeza de todo esto, Ivo Basay, es lo que mantiene al grupo, ese perfil bajo, te tiene a mil, y nos llevó a que dejemos atrás al DIM, a Talleres de Córdoba y que nos toque estar en la Libertadores viviendo un sueño, un excelente momento para el club y para muchos de los chicos que forman parte del plantel.

¿Qué balance hacés de lo que viene siendo la temporada para Palestino?
- Siempre vamos a tener cosas para mejorar, pero el balance es positivo. Si bien me toca estar este año, los chicos el año pasado, desde que agarró Basay, de ocho partidos creo que han ganado seis y han empatado dos, y eso los llevó a ganar la Copa Chile, que le han tocado equipos grandes como la U y Colo-Colo en las llaves preliminares. Después, nos ha costado un poco, pero es positivo el balance porque somos un equipo humilde, un grupo de perfil bajo, no somos favoritos en ningún lado y eso a nosotros nos da más fuerza para salir a los partidos como si fueran los últimos, una final, se vio contra el Inter, donde creo que merecimos un poco más mas allá de que el gol haya sido por un error nuestro, y con River hicimos un excelente partido contra el último campeón vigente, con los nombres que tiene, la jerarquía, jugadores de selecciones, un equipo grande, nos tocó jugar en El Monumental y lo hicimos de buena manera, lo pudimos sacar adelante y nos trajimos un punto. Esperemos que de local, contra Alianza Lima, podamos sumar de a tres y ahí el punto en El Monumental va a valer doble.

¿Qué representa jugar al lado de alguien como Luis Jiménez con el carrerón que viene haciendo?
- Es un privilegio, los clubes por donde ha jugado en Italia, en Inglaterra, son todos grandes, con los palmarés que tienen... Pero más allá de eso, la buena persona que es, la humildad que tiene, te lleva a disfrutarlo mucho más. Vos lo ves día a día y es totalmente distinto a la trayectoria que tiene como futbolista, que es extraordinaria, y es uno más, la humildad que maneja, el buen corazón que tiene, la buena persona que es... Hoy en día es nuestro capitán, el que nos lleva adelante, que en los partidos nos da el tiempo que necesitamos nosotros, nos ayuda un montón, y es un privilegio, trato de disfrutarlo a él como a Agustín Farías, el uruguayo Ale González, mismo "Pájaro" Gutiérrez, jugadores grandes con una muy buena trayectoria, Cortés también, el técnico Ivo Basay también. Trato de aprender, de sacar cosas positivas de todos, desde lo futbolístico hasta de lo cotidiano, lo de afuera del vestuario también.

En la copa no pueden jugar en el Municipal de La Cisterna, lo hicieron en San Carlos de Apoquindo pero ahora van a mudar la localía al Monumental de Colo-Colo. ¿Cambia en algo?
- A nosotros no nos cambia en nada, tenemos que entrar, hacer nuestro juego, nuestro sacrificio, correr los 11, los 18, todos juntos, tirar para el mismo lado, tratar de sacar siempre los partidos adelante, no importa si nos toca jugar en una cancha chica o grande, con el público cerca o vacía, eso no nos cambia en nada. Nos tocó jugar en el Kempes, que explotaba, en El Monumental a puertas cerradas, en San Carlos de Apoquindo con las dos hinchadas contra Talleres de Córdoba, en la cancha del DIM, y siempre hemos sacado buenos resultados. No nos va a cambiar en nuestro juego, tenemos que tratar siempre de correr, meter, jugar, cuando no se puede no se puede pero tratamos de hacer nuestro juego y de siempre sacar buenos resultados.

Este fin de semana se viene la Supercopa contra la Católica. ¿Qué significaría en lo personal y colectivo volver a alzar una copa?
- Sería algo extraordinario, muy lindo, un excelente golpe de confianza para el grupo y en lo personal también tratar de lograr el título el fin de semana. Sabemos que Católica es el último campeón del fútbol chileno y actualmente es el que va primero en la tabla de posiciones, entonces sabemos a quien nos enfrentamos, a que equipo, que jugadores, y sabemos lo que nos estamos jugando. Más allá de que sea algo personal o grupal, regalarle algo al Club Palestino, un triunfo, una copa, a toda esa gente que siempre nos apoyó, sería un premio por estos tres meses que la venimos remando, peleando, sería un reconocimiento al esfuerzo que estamos haciendo y al buen momento que estamos viviendo.


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